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2019

Esta exhibición fue planteada como un ejercicio de instalación in-situ que permitiera extrapolar contenidos propios del universo digital a las inmediaciones concretas del espacio habitable. La sala principal de exhibiciones de SGR Galería se conviertió durante más de un mes en un lugar multi-medial que funcionó como sucedáneo inmediato de un espacio virtual y abstracto: la red social. La exigencia auto impuesta de que el público interactuara con el espacio y se viera expuesto a los intimidantes mecanismos de vigilancia y control presentes en las plataformas virtuales, empujaron el proyecto más allá de un simple acto de acopiar obras y disponerlas en un lugar de exhibición. Dos capítulos, que se correpndían entre sí, dividían el contenido de la muestra.

 

El primero de ellos, que de manera casi didáctica versaba sobre la vigilancia sistémica encarnada por la visión de máquina y los algoritmos derivados de la inteligencia artificial, obligaba al visitante a experimentar un episodio casi paranoico cargado de signos y elementos que han dejado de pertenecer al universe de la ciencia ficción y se han convertido en avisos omnipresentes de una realidad distópica: cámaras de vigilancia intervenidas, espejos interactivos con los términos de afiliación de Facebook,  una pantalla alimentada por un software de reconocimiento de objeto que operaba en vivo y en directo, una gran pared de pinturas basadas en la perfilación social a partir de Bitmaps o un pasa mensajes LED con cifras bursátiles que invitaba a reflexionar sobre la estrecha relación existente entre la producción de capital y el abuso de control corporativo fundado en el análisis de datos.

 

El segundo capítulo, menos didáctico pero más propositivo, ocupaba la sala más pequeña de la galería y se diseñaba como amplificación de la cuenta @negroimago, creada meses atrás para la exposición. Este perfil de Instagram, un llamado que acusaba a la vigilancia autoconsentida, pretendía, además, replicar las dinámicas económicas y simbólicas de la sociedad digital para desmitificar la trascendencia misma de las redes sociales y advertir sobre su potencial peligro. Las publicaciones de la cuenta -  repetitivas imágenes negras de formato cuadrado - discursaban sobre la creciente tendencia patológica a la iconolatría y recurrían al negro puro – nivel de luz 0 y ausencia total de información en una imagen digital - como herramienta  para desestabilizar y entorpecer el análisis sistemático potenciado por los algoritmos de la visión artificial. Tres pinturas ejecutadas con el Black 3.0 de Stuart Semple (la pintura más negra disponible en el mercado) representaban una cuadrícula de 9 cuadrados negros, en homenaje a las investigaciones históricas de Kassimir Malevich sobre la función de la imagen/ícono. El piso, cubierto por rocas de carbón mineral, dificultaba el tránsito por la sala y una mofa al @worldrecordegg invitaba a reflexionar sobre los ejercicios de vigilancia y privacidad, la idolatría por las celebrities y la indignante necesidad de comprar afecto a punta de seguidores falsos y corazoncitos rojos.

Curaduría: Maria Adelaida Samper

Créditos Fotográficos: Juan Pablo Salazar

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